Llegó la Quinta para el Barsa. Y, con ella, la quinta... esencia del fútbol, la sublimación de este juego definitivo llamado fútbol. El primer gol, una obra maestra de orfebrería balompédica, simboliza la maestría inconmensurable de este equipo galáctico. Casi un minuto de pases, desmarques, desplazamientos de balón, cambios de juego, cambios de ritmo, precisión, creatividad, contundencia. Un gol para estudiar en todas las escuelas y academias de fútbol. Y ante uno de los mejores sistemas defensivos del mundo. ¡Estratosférico!
Todo comenzó con un cambio de entrenador que era fundamental para reflotar una nave que se iba a pique. En enero, tras Anoeta, el Barsa cambió de entrenador. Seguía Luis Enrique en el banquillo, pero ya no era el entrenador, ya no eran sus ideas absurdas y erráticas. Un nuevo sistema de juego, más claro, más directo, más simple. Una alineación titular coherente y equilibrada donde por fin Rakitic tuviera mando en plaza y Suárez jugara de 9 puro. Una preparación física mejorada. Mejores planteamientos de los partidos. Y, sobre todo, poder omnímodo para el amo de este cotarro: Lionel Messi. ¡No podía ser de otra forma! La más evidente prueba de este cambio de entrenador y de poderes fue el desplante impune de Neymar cuando fue sustituido en aquel partido. Desplante que el asturiano tuvo que tragarse sin rechistar. Lucho tuvo que cambiar sus esquemas y sus planteamientos. Lo hizo obligado, claro. Si hubiera sido por él... Y aquí estamos, recogiendo el fruto prometido: el quinto máximo entorchado europeo.
La final fue de esas que enamoran. Hubo de todo: fútbol preciosista, goles, emoción, alternativas, polémicas. Una final para recordar. Yo me quedo con el partidazo intergaláctico de Messi. ¡Qué futbolista de ensueño, que maravilloso genio de la lámpara! Condicionó completamente el planteamiento táctico de la Juve, que tuvo que renunciar a la banda de Evra y ponerle siempre a tres o cuatro marcadores para evitar los desbordes. Y, claro, cuando inviertes tantos recursos tácticos en un solo hombre, pues lo pagas cediendo espacios en otras zonas del campo. Messi consigue este desequilibrio simplemente estando en el campo. No existe otro futbolista en el mundo con semejante capacidad intimidatoria. Y luego, liberados los espacios, con esa zurda suya irrepetible es capaz de cambiar el juego completamente para habilitar a los compañeros libres y crear situaciones de superioridad numérica. ¿Un ejemplo? El primer gol, donde suelta un latigazo desde la banda derecha, en zona de tres cuartos para que entre Neymar e Iniesta rompan por la izquierda y quede todo el centro para la llegada de un medio, en este caso Rakitic. De libro. Sensacional. De una belleza táctica impecable.
Está Leo también en el origen del segundo gol, con su golpeo seco rebañando el césped, que Buffon sólo pudo desviar hacia el exterior. Una vez más, los defensas que intentaban tapar a Messi liberaron espacios en el lado contrario, donde entraban Suárez y Rakitic completamente solos. Messi, siempre Messi. Y es él mismo quien lanza a Neymar en la contra del tercero. En el origen de los tres goles. Aparte de esto, todo un repertorio para las hemerotecas: pases, quiebros, pánico por doquier entre las huestes juventinas. Manejando el tempo del partido, durmiendo la pelota o acelerándola, dirigiendo el juego según interesaba en cada fase del encuentro. Su peso en el desarrollo del partido fue demoledor y sólo la falta de puntería y la descomunal actuación de un eterno Buffon evitaron que la final terminara en el primer cuarto de hora. Y, claro, cuando perdonas a un equipazo como la Juve, lo acabas pagando. Y sufrimos, más por culpa nuestra que por los méritos del rival. Afortunadamente, el fútbol fue justo con el mejor.
La comprensión del juego por parte de Messi es ya total; equivale a tener a un segundo equipo en el campo. Y ahora que no tiene la responsabilidad de meter 3 goles por partido, ahora que se siente liberado de esa presión por la calidad de sus acompañantes, ahora es cuando vamos a ver a Messi en una nueva dimensión. Si no le maltratan las lesiones y no se lo cargan los Pepe y Xabi Alonso de turno, creo que tenemos al menos otras 3 Champions al alcance de la mano.
En cuanto a las polémicas del partido, si se analizan con el reglamento en la mano, hay poco que debatir:
- penalty de libro de Liechsteiner en el minuto 7. El brazo está separado del cuerpo, es el brazo el que va al balón (el jugador se inclina) y corta una jugada. Eso es la definición misma del penalty por mano.
- Vidal debió ser explusado. Con tarjeta amarilla, golpea a Alves en la cabeza con el juego parado. Agresión y roja directa.
- No hay penalty a Pogba. Es el francés quien primero agarra a Alves. Falta en ataque.
- Gol bien anulado a Neymar. Es cierto que la mano es involuntaria, pero se aprecia que el golpeo con la mano lleva el balón hacia la portería, cambiando su trayectoria. Para mí, bien anulado.
En definitiva, estamos ante la Edad de Oro del barcelonismo, una época triunfante en la que el club se ha izado hasta la cima del fútbol mundial, convirtiéndose, de paso, en el club de fútbol más grande de la historia de este deporte inigualable. Quinta Champions, segundo triplete, fútbol sensacional. Ahora sólo falta un Presidente a la altura de este megaclub. ¿Serán capaces los socios de estar, ellos también, a la altura de la situación?